Gobernanza ConSentido Público 2018. Derechos de autor

 

El objetivo del proyecto Gobernanza Territorial ConSentido Público, es articular las capacidades relacionales con conocimiento técnicos específicos para mejorar los procesos de gestión pública. En esta ocasión, las visitas a los municipios de El Castillo y Lejanías en el departamento del Meta, realizadas los días 9 y 10 de julio de 2018, se enfocaron en brindar asistencia a las administraciones municipales,  orientada a dar una amplia mirada sobre la importancia de  comprender y garantizar el derecho de acceso a la información pública, como primera base de la promoción de la transparencia y como la llave para acceder a otros derechos. 

Desarrollo del taller

La asistencia se desarrolló en tres etapas: durante la primera, se abrió un espacio de diálogo espontáneo entre los servidores públicos, a través de un juego llamado Connecting, herramienta que utiliza la lúdica para fortalecer la capacidad de la empatía de los participante, explora intereses y  motivaciones, creencias y diferentes perspectivas. Después los participantes, utilizando su celular como control,  y a través de  la plataforma tecnológica de aprendizaje Kahoot, respondieron preguntas sobre la Ley de transparencia y acceso a la información pública, para reconocer qué tanto saben de las disposiciones legales y en cuáles aspectos deben mejorar.

La segunda etapa, se caracterizó por la entrega de información técnica respondiendo las siguientes preguntas: ¿Qué acciones está realizando la entidad para garantizar el acceso a la información de calidad? ¿Cómo se relaciona el acceso a la información con la rendición de cuentas? De forma periódica, Rafael García, de CERES, organización que implementa de manera transversal las capacidades relacionales en Gobernanza ConSentido, comprobaba el proceso de aprendizaje del grupo haciéndoles preguntas reflexivas sobre la información técnica que estaban escuchando. 

En el tercer momento,  se plantearon dos ejercicios: uno experiencial, en donde debían caracterizar diversos grupos vulnerables e identificar las formas de entregar información. EL equipo debía encontrar la manera de garantizar que la población de adultos mayores, indígenas, y en condición de discapacidad auditiva, pudieran entender la información que se le estaba transmitiendo.  Esto les permitió reflexionar sobre cómo las administraciones municipales entregan la misma información a todos los grupos poblaciones y la necesidad que existe de garantizar la información. 

En el segundo ejercicio de esta etapa, se llevó al grupo a pensar en cuáles eran las condiciones existentes en el pasado para promover el acceso a la información, cuáles son las actuales y cómo quisieran que se viera el futuro. Este ejercicio permitió a los asistentes pensar en perspectiva y reflexionar qué debe hacer el municipio para alcanzar ese futuro.

Para Erika Pareja, líder del área de Transparencia y Rendición de Cuentas, el ejercicio fue bastante significativo, pues se evidenció cómo a través de las capacidades relacionales se puede conectar a la audiencia y transferirles conocimiento. “Compartimos de una manera interactiva información técnica como el marco legal del derecho de acceso a la información pública, usamos herramientas innovadoras, llevándolos a una reflexión interesante, sobre el pasado, futuro y presente, estuvieron muy atentos, lo que a nosotros como proyecto nos deja ver la evolución de este proceso, en donde las habilidades relacionales y el conocimiento técnico confluyen de una manera coordinada.”. Por su parte, los servidores públicos, reconocieron su responsabilidad dentro del proceso de garantizar el acceso de información publica a su comunidad, “la información es algo que puede transformar.”, afirmó Tatiana Florian- Coordinadora Plan Territorial de Salud del municipio de Lejanías.

Según Rafael García, de CERES, incluir metodologías innovadoras que desarrollan capacidades relacionales, facilitan el aprendizaje técnico, “transferimos información técnica a través de herramientas diferentes. Realizamos ejercicios usando líneas de tiempo, pensamiento en  perspectiva ética, logramos identificar visiones de futuro en el presente, que nos permiten reconocer el impacto de nuestras acciones cuando permitimos el acceso a la información, promoviendo que lo hacemos pensando en el desarrollo de la comunidad, además finalizamos con preguntas reflexivas, pues es importante que la gente continuamente tenga conciencia sobre  lo que esta aprendiendo y su utilidad."

Gobernanza Territorial ConSentido Público es una iniciativa de la Delegación de la Unión Europea, la Federación Colombiana de Municipios, y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), que desde el año 2017, busca promover un nuevo relacionamiento entre los diferentes actores del territorio, que permita construir acuerdos en los procesos de gestión pública para la sostenibilidad y la construcción de paz. El proyecto se ubica en 5 municipios del departamento del Meta (Lejanías, Mesetas, El Castillo, El Calvario), con la participación de CORDEPAZ como socio regional y cuatro en Nariño (Consacá, Linares, Ancuya y Sandoná) con el apoyo de la Fundación Suyusama.

 

 

 

 

 

 

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"La paz no es una ráfaga de viento

sino una piedra en la que hay que esculpir

día a día

el esfuerzo de conquistarla" (Miquel Martí i Pol, poeta catalán, 1986)

Por: Rafael Grasa Hernandez 

Muchas personas compartimos un anhelo común en clave de ciudadanía: tras acabar el proceso de hacer las paces, habernos comprometido con un proceso, largo y complejo y fascinante, apasionante, construir paz en Colombia; es decir, lograr que los conflictos del futuro, que seguirán existiendo en todas las esferas de la vida social, se manejen siempre sin violencia directa, que la probabilidad de recidivas de violencia directa en la vida sean bajas o casi nulas.

Por decirlo de forma rápida, construir paz en Colombia significa erradicar la reproducción intergeneracional de la violencia política que el país arrastra desde al menos la guerra de los Mil Días y que ha hecho, por citar a James Robinson, , que actualmente Colombia sea, todavía, un caso especial, a ese respecto en América Latina, merced a la presencia estructural y cronificada de violencia directa política, algo que fue habitual en la región tras la Independencia, pero ya no desde hace décadas.  Justamente por eso, sugirió Robinson en el título de dicho texto,  que, de no resolverse,  podría llevar al país a enfrentar, quizás, “Otros cien años de soledad”, de caso atípico. Y hoy sabemos que eso es, puede ser ya, con el trabajo de todos, muy poco probable. Colombia va a cerrar, si se empeña en ello,  esa especificidad y va obtener altos dividendos sociales de la paz.

Lo diré, si quieren, de una forma aún más rotunda: lo que los acuerdos de La Habana/Teatro Colón abrieron fue una ventana de oportunidad para el país, para la sociedad, para América del Sur y para todas las Américas, incluyendo la del Norte de gran trascendencia e importancia.

Para el país, porque permitirá centrarse, al avanzar en la construcción de la paz durante los próximos diez o quince años, en la mejora de otros retos y problemas: la desigualdad y la inequidad, la mejora de la presencia del Estado en muchas regiones, el crecimiento y el desarrollo económico o, por ejemplo, en la esfera política, en los diversos componentes de la democracia que, pese a estar presentes en la Constitución de 1991, han sido poco desarrollados, como la democracia participativa y, sobre todo, el núcleo duro de toda democracia, la democracia deliberativa. Subrayaré a ese respecto lo crucial de la democracia deliberativa, es decir, interiorizar y practicar constantemente prácticas de debate, de manejo del disenso y de generación de consensos. En sociedades que salen de un conflicto armado, las prácticas deliberativas se convierten en herramientas cruciales de transformación social, cultural, institucional… para erradicar la violencia directa. Sin capacidad de cambiar la vociferación por el debate,  de generar diálogo, es decir  intercambio de argumentos, resulta muy difícil resolver sin violencia los conflictos cotidianos, inevitables, puesto que un conflicto no es más que un debate entre partes que creen tener objetivos incompatibles respecto de algo o alguien. Esa es la gran ventana de oportunidad para Colombia, que tendrá, estoy seguro, un gran impacto en todas las dimensiones de la vida nacional.

Pero construir paz constituye, decía, también una ventana de oportunidad para la región, para América del Sur, para América Latina y el Caribe, para todas las Américas: el abandono de las armas por parte de las FARC-EP; y esperemos que en poco tiempo más con el ELN, supone cerrar un ciclo de violencia política vinculada al surgimiento de guerrillas que se inició hace décadas con el asalto al cuartel de Moncada. Y ese cambio no tiene sólo valor simbólico. Tendrá grandes consecuencias para la región y para todas las Américas que podrán centrarse plenamente en otros problemas, incluyendo otras formas de violencia directa de naturaleza no política. Y para el mundo que, en temas internacionales y de gestión de crisis humanitarias y de formas de violencia, tiene actualmente sólo una gran noticia positiva, haber alcanzado el punto de no retorno y el abandono bilateral del enfrentamiento armado en las conversaciones de La Habana. Recuerden el proceso de desarme de las FARC-EP es el más exitoso en clave comparada de los últimos treinta años en todo el mundo. Por ello, el mundo, y no sólo las élites y estadistas,  siguen con interés y está fascinado con los avances del proceso de paz. Como dije, buenas noticias en un contexto en general desfavorable y poco prometedor para los próximos años.

Hasta ahí, breves pinceladas sobre la importancia de lo logrado y las oportunidades y beneficios de lo que viene. Pero, pasando a lo sustancial, lo mucho  que puede venir no caerá del cielo. La paz, como la reconciliación, no se decreta ni se regalan, se construyen.

Estamos en la fase de pasar de hacer las paces – es decir de negociaciones políticas, con reglas acordadas y agenda limitada entre quiénes se han enfrentado con armas para llegar a acuerdos, negociaciones que siempre suponen toma y daca entre transacciones y transformaciones- a la construcción de la paz, una tarea que cambia los tiempos, pues dura entre diez y quince años, que cambia también los actores, la agenda, que implica al conjunto de la sociedad. Una tarea, por ende, que exige actuaciones concertadas, persistentes. Por decirlo provocativamente, una tarea que si se quiere exitosa debe aceptar desde el principio que la construcción de la paz requiere ir mucho más allá de la implementación de lo acordado, sabiendo, además y en práctica comparada, que, tendencialmente no determinísticamente,  ninguno de los acuerdos de paz de los últimos treinta años ha tenido tasas de cumplimiento superiores al 75%. Lo más importante para construir la paz es el trabajo sobre lo no acordado, los retos no escritos del post-acuerdo. Y, no olvidemos, sólo llevamos 18 meses de aplicación de lo acordado.

En suma, construir la paz es una tarea que exige requisitos importantes: 1) buen diagnóstico sobre los retos y la forma de afrontarlos; 2) voluntad real de transformación para garantizar la no repetición y la mejora cualitativa; 3) valores y códigos éticos nuevos, diferentes; 4) creatividad, capacidad de innovación, de flexibilidad, porque nunca las hojas de ruta se comportan como fue previsto, ni en lo ordinario ni en lo extraordinario, y 5 ), finalmente, capacidad y voluntad de transformar procedimientos, procesos, formas de hacer, instituciones en el sentido sociológico de la palabra, pautas regulares de conducta y de relación entre personas.

Déjenme que brevemente me ocupe de estos cinco temas.

Primero, buen diagnóstico, porque no basta con buenas intenciones. El reto crucial, clave, es desterrar definitivamente la violencia política como forma de gestionar disensos y conflictos en Colombia, actualmente más presente en los territorios periféricos que en la capital. La buena noticia es que excelente trabajos de Comisiones de estudio de la violencia, empezando por la presidida por el  Padre Guzmán, que no hay nada genético ni ambiental en las causas que explican su reproducción: es un fenómeno de naturaleza humana, socialmente construido, y, por tanto, perfectamente solucionable. La mala, que no hay consenso sobre cómo actúan las diferentes causas aducidas. No importa,  la clave está en aprender a manejar los conflictos de forma no violenta, o lo que es lo mismo, hacer que el juego político se ocupe de lo realmente importante: manejar los conflictos y disensos sociales, económicos y políticos, generando consensos parciales que permitan la convivencia y el manejo de las diferencias sin recurrir a “soluciones finales”, eliminar físicamente al “otro”, al “diferente”.  En todo caso, creo sinceramente que no basta con cambiar el entorno político, hay que cambiar valores, procesos educativos, porque la cultura de la violencia que ha imperado tiene raíces sociales e incluso patriarcales.

El segundo requisito, un reto también estructural, supone desterrar del imaginario de la sociedad colombiana la idea de que basta con cambios epidérmicos, cosméticos y de pura apariencia, para resolver la gestión de los problemas de violencia directa, la desigualdad o la presencia insuficiente o patrimonialista del Estado. Evitar, en suma, la idea –habitual en la historia reciente de Colombia- de que basta con un pacto superficial entre élites y una transición superficial, lampedusiana, que todo cambie para que todo siga igual. Recuerden, desde Il Gattopardode Tomasso di Lampedusa, que describe el cambio de una sociedad aristocrática a una burguesa, se llama lampedusiano al cambio que describen esas palabras que he pronunciado antes, que cambie todo pero que nada esencial se altere. Sin transformaciones, no hay éxito asegurado. Y en estos 18 meses se ha coqueteado mucho, demasiado en mi opinión, con el cambio epidérmico, lampeduasiano-

Y eso es importante porque detrás de los conflictos que pueden conducir a la violencia hay siempre incompatibilidades importantes. No, si todo sigue igual, al menos en gran parte, la construcción de la paz no será realidad ni en 2020 ni en 2030, pese a que el fin del conflicto armado con las FARC-EP sea en cualquier caso un gran avance. La Colombia post-acuerdo, la Colombia 2020 y 2030, exige transformaciones reales y, por ende, creatividad, ingenio. Y no sólo me atrevo a pedírselo yo, recuerden que también lo hizo ahora hace un año el Papa Francisco, concretamente  a los jueces de Colombia, en carta dirigida al presidente de la Corte Suprema de Justicia en ocasión del XVIII Encuentro de la Jurisdicción Ordinaria, dedicado a “Justicia transicional, paz y posconflicto”: deben ustedes contribuir con coraje y creatividad a identificar soluciones que refuercen la paz y la justicia, les dijo.

Eso me lleva al tercer requisito, la importancia de fomentar valores nuevos, o al menos valores que sean interiorizados realmente, sentidos,  y que sean guía real de conductas nuevas. Los valores, la ética, tienen un papel clave, pero no basta con enunciarlos. Hay que demostrar coherencia entre lo que se dice, lo que se enuncia o predica y lo que se hace. Como han mostrado los sociólogos de la educación, el currículo educativo más importante, en aras de la eficacia y de la eficiencia, de los resultados transformadores, no es el currículo oculto, sino el currículo oculto, el no explícito, lo que enseñamos con nuestro ejemplo. Los valores serán claves en la construcción de la paz, porque están en el centro de la cultura de la paz, pero esos valores, nuevamente, no pueden decretarse, deben consensuarse, cultivarse y, ante todo, mostrarse con ejemplos coherentes. Y lo importante es que ya están en este país tan creativo, aunque no se conocen suficientemente, existen desde hace décadas centenares de experiencias exitosas de resiliencia, de construcción de paz, logradas durante el conflicto armado.

El cuarto requisito es la creatividad, la capacidad de innovación, que implica flexibilidad. Suelo decir en mis cursos que la actividad profesional más parecida a la de constructor de paz es la de aficionado al bricolaje. Se trata no de seguir la receta o la instrucción rígida, sino de ser capaz de improvisar y de resolver el problema no con lo dice el libro de instrucciones, sino con lo que uno tiene a mano. Por eso en construcción de paz es tan importante conocer muchos casos y ejemplos y saber, desde el principio, que cada caso es diferente, específico, justamente porque tiene mucho en común con otros.

Un investigador de la creatividad, Mihaly Csikszentmihalyi, señaló algo bien interesante, a nivel de creatividad individual, pero que podemos extrapolar a nivel colectivo, social:

“Cada uno de nosotros ha nacido con dos series contradictorias de instrucciones: una tendencia conservadora, hecha de instintos de auto conservación, auto engrandecimiento y ahorro de energía, y una tendencia expansiva hecha de instintos de exploración, de disfrute de la novedad y el riesgo (la curiosidad que conduce a la creatividad pertenece a esta última). Tenemos necesidad de ambos programas. Pero, mientras que la primera tendencia requiere poco estímulo o apoyo exterior para motivar la conducta, la segunda puede languidecer si no se cultiva”.

De ello, sostiene, se deriva que ambas tendencias deben ser cultivadas simultáneamente, pues, constituyen las dos caras de la moneda. Y, colectivamente, en Colombia se ha cultivado poco, en la esfera social y política, la segunda, la expansiva, la innovadora. Les dejo con un interrogante para la reflexión: es un tópico, acertado, decir que la paz en Colombia será territorial, pero ¿seguirá persistiendo la costumbre de preparar los proyectos territoriales desde la capital, o con reglas y transparencia, con un campo de juego compartido para todos los territorios, se les dejará innovar? 

También en la construcción de paz necesitamos pensamiento lateral, innovador. Como dijo Erich Fromm, la creatividad “significa considerar el proceso total de vida como un proceso de nacimiento, y no tomar cualquier estado de vida como un estado final. La mayoría de la gente muere antes de nacer plenamente. La creatividad significa nacer desde antes de que se muera”. En la esfera colectiva, eso supone hacer de la creatividad la punta de lanza, el ariete, que nos permita n crear y superar el pasado, con lo cual, de alguna forma, enterramos las ideas obsoletas y damos vida a un nuevo ser.

Por decirlo apelando a un conocido cuento, hay que dejar de hacer lo que hace el borracho que ha perdido las llaves de su casa y las busca constantemente debajo de un farol, que, preguntado por alguien que pasa a su lado por qué busca desesperadamente desde hace una hora ahí, le dice que es el único sitio con luz en la calle. Colombia tiene una gran oportunidad de encontrar nueva luz, de ampliar su horizonte de iluminación, pero para ello hay que ser creativo y abandonar la búsqueda debajo de los viejos fanales. Hay que ser creativo, arriesgarse, apostar con innovar, crear y ello es imposible sin transformar. Lo nuevo no lograr nacer nunca del todo sino se elimina, al menos en parte, lo viejo. El futuro exige siempre dejar atrás partes del presente.

Y ello, me lleva, para ir terminando, al quinto requisito, transformar los procedimientos, que, son, de hecho, la clave de la democracia en su sentido más genuino. Permitánme que cita al Alto Comisionado Sergio Jaramillo en su discurso en Harvard sobre paz territorial. Dijo algo crucial:

“la esencia de cualquier proceso de paz (…es…): facilitar la transformación de un grupo armado en un movimiento político en democracia. Pero en el caso de Colombia, que ha padecido en toda su historia la combinación de violencia y política, es mucho más. Es mucho más porque al marcar claramente la raya entre violencia y política, se estabiliza definitivamente el campo de la política: todo lo que juegue por las reglas, incluyendo la protesta social, incluyendo la oposición radical, es lícito y legítimo. Y todo uso de la violencia es simplemente eso: violencia criminal. Eso hará la política colombiana más rica y más democrática; y también más agitada y más contestataria. No hay que tenerle miedo a la democracia, hay que tenerle miedo a la violencia (S. Jaramillo).[3]

 

Cambiar procedimientos y procesos supone eso, entender que en la nueva Colombia deben cambiar en toda la sociedad procesos y procedimientos para erradicar el recurso a la violencia directa, pero permitir al mismo tiempo que todo, sin violencia, sea posible, pensable, expresable y, por tanto, objeto de lucha social.

 

Construir la paz supone cambiar valores y procedimientos en tres grandes campos, lo que llamamos las 3 Rs: reconstruir lo que dañó la fase armada del conflicto, y a mejor; resolver, de manera no violenta, los motivos de incompatibilidad, las causas del conflicto; y, finalmente, reconciliar las personas y grupos sociales que se han enfrentado y sufrido el impacto de la violencia durante el conflicto, para que puedan compartir proyectos de futuro. La práctica comparada nos muestra que para hacerlo hay que transmitir unos mensajes básicos sobre lo que está en juego y lo que significa construir la paz: 1) que es tarea que exige tiempo y estrategias coherentes; 2) que demanda cambios y esfuerzos colectivos; 3) que requiere clarificar y entender que lo que puede esperarse a corto plazo difiere de lo esperable a medio y largo plazo; 4) que para que la paz se construya en los territorios, la descentralización debe ser una práctica real y no un atributo presente únicamente en la Constitución; y 5) preparar para superar, en cada territorio y ciudad, la escasa tradición de acuerdos o consensos amplios, inter-partidarios, inter-sociales, que vayan más allá de una legislatura y del sistema de gobierno indirecto y el pacto entre élites capitalinas y élites departamentales.

En  suma, negociar, acordar consensos a medio y largo plazo, manejar los disensos como parte del proceso deliberativo, será clave para afrontar las tres grandes fases de la transición o construcción de la paz en los próximos diez o quince años

Y eso es posible, viable, factible, está en sus manos, estoy convencido. Les dejo con dos guías para el viaje. Una, las palabras sabias de un poeta catalán, que recuerda que la paz no es una ráfaga de viento, sino una piedra en la que hay que esculpir, día a día, el esfuerzo de conquistarla.

 

La segunda, crucial,  de un gran pensador colombiano del que he aprendido mucho, Estanislao  Zuleta, que dejó escrito:

“Si alguien me objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y de las diferencias, de su inevitabilidad y de su conveniencia, arriesgaría paralizar en nosotros la decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz….[4]”

Colombia es un pueblo y una sociedad madura para la paz, pero ello exige recordar que la paz no supone la ausencia de conflictos, entendidos como disputas o antagonismos entre partes, sino manejo de los mismos sin recurso a la violencia. El objetivo debe ser erradicar la violencia política, y, además las otras formas de violencia directa.

Pongámonos a trabajar, incesantemente pero con prudencia, de acuerdo con la atinada sabiduría popular: vísteme despacio, porque tenemos prisa.

 

[1]El texto parte del discurso en el Encuentro Colombia 2020  La creatividad para construir la paz, Bogotá 3 de agosto de 2016).

[2]Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, expresidente del Instituto Catalán Internacional para la paz y coordinador de su Programa sobre “Construcción de paz estratégica, seguridad humana y transformación de conflictos”. Ha sido profesor visitante de la Universidad de los Andes y de la Pontificia Bolivariana. Mail: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

[3]S. Jaramillo, Extracto del Discurso del Alto Comisionado en Harvard, “La paz territorial”, abril de 2014.

[4]  Comentario sobre el manejo de los conflictos de Estanislao Zuleta en “Sobre la guerra”, respuesta a preguntas de La Cábala,1985

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Por: Lina María Arango 

Como nuevo presidente de Colombia, Iván Duque reiteró en su primer discurso su compromiso con la lucha anticorrupción y la definió como uno de las principales banderas en el gobierno que comenzará el próximo 7 de agosto. En medio de la euforia de su victoria, la prevención de corrupción se definió como un tema prioritario en la agenda pública. En este sentido, los recursos destinados por la cooperación internacional para la implementación de los acuerdos de paz requerirán una mayor transparencia en su ejecución.


Si bien el compromiso de la comunidad internacional ha sido evidente para apoyar la ejecución de proyectos territoriales enfocados a la construcción de paz, el panorama interno no es tan optimista debido no sólo a la polarización, si no a la falta de confianza y credibilidad en las instituciones del Estado. Las constantes investigaciones de funcionarios públicos y el exceso de burocracia son algunos ejemplos que no sólo han afectado la legitimidad de las instituciones creadas en el marco de la negociación con las Farc, sino que ha terminado por deteriorar el ambiente para una adecuada implementación de los acuerdos en el nivel territorial.

En un contexto de postconflicto, la relación entre corrupción, pobreza y la inequitativa distribución de los recursos públicos son un reto a asumir en la construcción de paz estable y duradera. Después de realizar estudios de caso en países en post conflicto como Afganistán, el Congo, Irak, Sierra Leona y Timor del Este, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -Pnud- concluyó que la corrupción es uno de los factores que contribuyen a reactivar la violencia armada en muchas sociedades de post conflicto.

Los gobiernos que han experimentado conflicto armado son particularmente vulnerables a la corrupción. En el caso colombiano, los narcotraficantes, contrabandistas, bandas criminales o carteles de funcionarios corruptos son actores que buscan apropiarse de los recursos destinados a brindar los servicios públicos básicos y oportunidades económicas para los más pobres.  

Superar el frágil ambiente de confianza en el proceso de implementación de los acuerdos de paz, la débil efectividad de los dirigentes políticos del más alto nivel nacional y territorial para combatir la corrupción y la politización de las instituciones son retos que aunque prioritarios no han sido asumidos ni desde el gobierno nacional, ni desde el nivel territorial. Los recursos públicos locales para la paz deben ser administrados con transparencia y planeación mas allá de intereses políticos, fortaleciendo las veedurías ciudadanas y la rendición de cuentas de manera transversal y general.

Con ello se mitiga el ambiente de desconfianza y desesperanza de la ciudadanía frente al manejo de los recursos de la paz. Bienvenido el compromiso del presidente electo. Esperaremos con hechos la materialización de su discurso anticorrupción. El reto es enorme.

 

Columna Publicada inicialmente en el Diaro el Otún 

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Por: Erika Andrea Pareja López 

Lo invito a que se traslade por un momento a un mundo sin información, no me refiero a un mundo sin tecnología, sino aun mundo sin datos para tomar decisiones: ¿Qué hora es? ¿Qué debo hacer hoy? ¿Habrá trancón para llegar al trabajo? ¿Lloverá para llevar sombrilla?  Estas decisiones hoy parecen fáciles: consultar el reloj, mirar la agenda, poner waze o consular la aplicación del tiempo. Desde los años 70, hemos avanzado estruendosamente en un mundo que dispone de diversos medios para entregar información, la cuál permite nuestra toma de decisiones.

Si tomamos ejemplos de trascendencia colectiva: ¿Qué decisiones está tomando el presidente de mi país hoy? ¿Habrá tercera guerra mundial? ¿Por quién debo votar? ¿Qué estará votando el Congreso de mi país? ¿Cuánto dinero ha destinado mi Alcalde para el arreglo de vías? Si la información es importante para tomar decisiones personales, piense en la trascendencia de la información pública. ¿Qué es información pública? Todo… absolutamente todos los datos que producen o custodian las entidades públicas o entidades que presten un servicio público.

Pocas personas saben que en Colombia, acceder a la información pública es un derecho, y un derecho fundamental.  Se hace énfasis, en Colombia, porque no todos los países del mundo han dado este paso. Nuestro país es un pionero, de la mano de Chile y México, se han convertido en referentes para el mundo. Contamos con mejor reglamentación que lo Estados calificados como superpotencias como Estados Unidos o Alemania.  En el año 2014, gracias a la acción de un grupo de organizaciones ciudadanas se sancionó la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública (Ley 1712 de 2014), poniendo a Colombia en un grupo de países élite que reconoce este derecho.

Pero ¿Por qué es importante el derecho de acceso a la información pública?  Existen dos ámbitos:

Día a día existe información pública que es de vital importancia para tomar decisiones personales: la historia clínica,  las fechas de matrícula escolar, las becas que otorga el Estado, las semanas de cotización para pensionarse, requisitos para acceder a los programas sociales del estado, los candidatos de las próximas elecciones,  cómo acercarse a las entidades en busca de justicia, entre otros. Todas estas acciones que desarrollamos para salvaguardar otros derechos como la salud, la educación, el trabajo digno, la participación política, por eso acceder a la información es un derecho fundamental, en ocasiones protege hasta la vida misma.

Desde el punto de vista colectivo, Colombia está despertando al flagelo de la corrupción que se lleva aproximadamente 50 billones de pesos anuales. Para aterrizar la cifra, con ese dinero se garantizaría vivienda digna a todos los Colombianos. Una de las principales causas de la corrupción, es la opacidad. Algo opaco es algo que no deja ver a través, por eso se habla que el paso para prevenir la corrupción es la transparencia, y una de sus consideraciones más básicas se refiere a la entrega total de información de calidad  porque le permite a la ciudadanía conocer las actuaciones del Estado y, de esta forma, controlar su funcionamiento y gestión. Gracias a esto, se evidencia la forma como se están ejecutando los recursos públicos y se están cumpliendo las funciones públicas, siendo este un ejercicio de control social. 

Cuando todos los ciudadanos pueden conocer el funcionamiento, la estructura, los procesos y las decisiones que se toman desde el Estado, se restringen las posibilidades de realizar actos de corrupción, y a la vez se puede evaluar la eficiencia y pertinencia de la ejecución de programas, así como la ejecución del presupuesto público y si éste responde a las necesidades sociales.

Pero nos quedamos en marcos normativos determinantes y estructuras institucionales perfectas. La gran mayoría de ciudadanos y servidores públicos ignoran que en Colombia existe el derecho  fundamental de acceder a la información pública, y por ende, no lo utilizamos ni lo hacemos respetar. Seguimos pensando que las entidades públicas tienen la potestad de decidir entregar información y se recurre, de forma casi que natural, al derecho de petición. Adicionalmente, recibimos información que no entendemos y no nos atrevemos a preguntar. ¿Cuántas personas en Colombia saben leer los presupuestos públicos? ¿A cuántos nos han dado respuesta citando innumerables leyes que no entendemos? ¿Y si hablo una de las 52 lenguas indígenas que son oficiales en Colombia? ¿Y si soy ciego? El derecho a acceder a la información pública trasciende la simple entrega de información y reta al servidor público a comunicar de forma efectiva, buscando que el receptor final entienda la solicitud hecha.

Vivimos en una sociedad que da por sentado sus derechos.  Como individuos en muchas ocasiones no entendemos las luchas sociales históricas que esconde cada conquista ¿Votar? ¿Participar? El mismo derecho a la vida no era tema prioritario hace un par de siglos, cuando sin juicios se decidía quién iba a la guillotina. En ocasiones olvidamos una de las conmemoraciones más importantes de nuestra época: la declaración de los derechos humanos.  Ha sido un largo proceso para avanzar en el ejercicio de derechos civiles, políticos, sociales, económicos, sexuales, reproductivos y ambientales.  Nos ha costado como sociedad, muertes, movilizaciones sociales, alteraciones del statuo quo, destierros, gritos y lágrimas. Acceder a la información pública es otro triunfo social, démosle el uso que necesita el país para cuidar nuestros recursos y buscar administraciones más transparentes.

 

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Uno de los propósitos de Gobernanza Territorial ConSentido Público, iniciativa liderada por la Delegación de la Unión Europea en Colombia, El Fondo de Población de las Naciones Unidas -UNFPA-, La Federación Colombiana de Municipios y socios regionales en los departamentos de Nariño y Meta, es apoyar la formulación y estructuración de un proyecto de carácter regional en los municipios focalizados, además de acompañar el proceso de búsqueda de fuentes de financiación.

 

Así fue el proceso en el Meta

 Después de varios encuentros, donde las administraciones locales y miembros de la sociedad cilvil de los municipios de Lejanías, El Castillo, El Dorado, Mesetas y El Calvario, participaron en los espacios de análisis, se concluyó de manera colectiva que el proyecto de impacto regional debía estar directamente relacionado con el “fortalecimiento de la producción agrícola con un enfoque ambientalmente sostenible”. Esta propuesta consiste en que cada participante del proyecto delimite un área de su parcela para que sea restaurada de forma natural y, como contraprestación, será acompañado en el desarrollo un proyecto productivo agrícola.

 Recorriendo el Territorio

Al tener definido el propósito del proyecto, durante el mes de febrero de 2018, el equipo técnico recorrió los cinco municipios, en donde identificó las siguientes problemáticas comunes:

 

  • Producción agrícola con bajos estándares de calidad.
  • Insuficiente asistencia técnica para que el sector agropecuario sea competitivo en el mercado nacional e internacional.
  • Sistemas productivos agropecuarios perjudiciales para el medio ambiente (contaminación de fuentes hídricas y disposición final de residuos sólidos).
  • Intervención en fronteras agropecuarias de las zonas de preservación y Parques Naturales
  • Bajos ingresos para los medianos y pequeños productores agropecuarios por canales de comercialización indirectos.

 

Posterior a la identificación de las problemáticas, un equipo conformado por 20 personas de la región, realizó un diagnóstico preliminar, en el que visitaron un total de 444 predios, actividad que les permitió levantar una caracterización socio económica de la población, cultivos predominantes, así como conocer elementos relevantes para el desarrollo del proyecto, como las vías de acceso, áreas de conservación, buenas prácticas agrícolas, entre otras. Con la caracterización, El Calvario contará con la participación de 25 familias y los demás municipios con 24 familias, cada uno.

 

Al contar con la información que recogieron los técnicos, la fase 3 de este proceso, se centró en realizar  un diagnóstico completo, que permitió enrutar el proyecto con tres objetivos clave:

 

  • Dinamizar y fortalecer la producción agrícola de los municipios de El Calvario, El Castillo, El Dorado, Lejanías y Mesetas.
  • Mejorar los ingresos de los agricultores.
  • Conservar ecosistemas naturales a partir de la preservación y/o restauración.

 

Teniendo en cuenta que El Calvario es un municipio con unas características geográficas diferentes, frente a los demás, se tomó la decisión de implementar el cultivo de lulo en este municipio y en Lejanías, Mesetas, El Castillo y El Dorado, se promoverá la producción de aguacate.

 

Al mismo tiempo, los acuerdos de conservación a los que se comprometerán los participantes del proyecto, incluyen el uso racional de plaguicidas que sean admitidos por la agricultura limpia (categorías III Y IV de banda azul y verde) en los cultivos, la garantía de mano de obra y ser responsables con el medio ambiente; para Jhon Hernández, ingeniero agrícola, líder de desarrollo del proyecto en el departamento del Meta, estos componentes productivos y de conservación, son una fórmula que garantiza la sostenibilidad del proyecto mismo, “antes, se formulaban proyectos orientados solamente en la producción y no se pensaba en el impacto ambiental que esto podía generar. Actualmente, existe un mayor conocimiento y compromiso frente al manejo de la tierra, sabemos que es muy importante implementar buenas prácticas agrícolas para disminuir el impacto y ayudar a su preservación.” Por su parte, Eliecer Urrea, alcalde de El Castillo, afirma que su administración está presta a acompañar esta iniciativa “desde esta administración celebramos que apoyen a nuestros campesinos, pues el aguacate es un producto característico del Alto Ariari, los agricultores lo saben y esperan poder llegar un día a exportar este producto tan apetecido en países como Estados Unidos y Japón”. 

 

Además, para garantizar las sostenibilidad y el éxito del proyecto, dentro de la estructuración se contempla el trabajo asociativo entre productores para mayor competitividad en el mercado y asistencia técnica hasta la estabilización de la cosecha, -3 años para aguacate -y año y medio para el cultivo de lulo-, la cual va acompañada de capacitaciones y escuelas de campo en las cuales los productores aprenderán prácticas adecuadas de manejo del cultivo y fortalecimiento de capacidades.

 

Finalmente, el  30 de junio, se entregarán los proyectos estructurados, para que los municipios los puedan presentar a las diferentes fuentes de financiación, frente a lo que los profesionales de gestión de proyectos de Gobernanza Territorial ConSentido Público, realizarán el respectivo acompañamiento durante tres meses.

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